La tortura de los desfiles y la antorcha apagada




En estas fechas vienen a mi mente recuerdos de las primeras veces que comencé a entender el significado de independencia y las celebraciones que se realizan en septiembre. Resuenan en mi memoria melodías de marimba, como Luna de Xelajú, Ferrocarril de los Altos, El Grito, o algunos de los temas del Paabanc, como la Danza del Venado, o el Son de la Catarina con su sonido de chirimía y tambor, entre otros.

Los actos cívicos cobraban especial significado. Se organizaban concursos de pirámides y gimnasias rítmicas. Por alguna razón, nuestro grupo realizó estas últimas, mezcladas con coreografías y un peculiar vestuario. A pesar de no incluir ninguna pirámide, ganamos un premio especial (¿o sería de consuelo?).

En primer grado de primaria desfilé por vez primera. Yo estudiaba en la Escuela Fe y Alegría Centro Dos de la colonia Carolingia. Iba feliz por estrenar mi playera blanca con un corazón rojo, muy al estilo del Chapulín Colorado. A mí me tocó ir hasta adelante, seguido del único redoblan que marcaba el ritmo de todos los estudiantes. Me emocionó porque pensé que marcharía al lado de la Niña Independencia, pero la ilusión duró poco porque al final ella se fue en una carroza y no se cansó como el resto del alumnado. 

"Vas a portar el Pabellón en todo el recorrido", fueron las palabras de mi maestra cuando me dio una bandera que me pareció gigantesca. Era sueño Feli -que por cierto nunca supe si se llamaba Feliciana, Felisa, Felícita-.

Para mí fue como un castigo. No entendía qué significaba portar el símbolo patrio. En mi pensamiento propio de un niño de 7 años me cuestionaba qué tan mal me había portado o en qué había fallado para semejante "castigo". Al finalizar la marcha me felicitaron por haber sido el abanderado. Medio comprendí que talvez la experiencia no había sido del todo mal.

En la adolescencia decidimos con el grupo de la iglesia ir a traer la antorcha. Creímos que el Obelisco era demasiado cerca, por lo que viajamos a distintos lugares: La Antigua, Escuintla, Chimaltenango y Amatitlán. El trayecto estaba lleno de aventuras no tan cívicas. Había que librar guerrita de agua con otros chicos que nos encontrábamos en el camino. Nosotros viajábamos en un camión de volteo, no en un autobús.

Alumnos participan en actividades del 15 de
Septiembre. (Foto tomada del Facebook)
La última vez fuimos a Amatitlán. Encendimos la antorcha en el altar del Niño Dios en el lago de la localidad; seguidamente en la lancha entonamos el Himno Nacional e iniciamos el retorno a la capital. Sin embargo, comenzó a llover a cántaros. La antorcha se apagó en menos de un minuto y no se veía nada en el camino por la oscuridad del lugar. Era difícil correr porque el agua nos "enfriaba" y venían los calambres y otras molestias que dificultaban el paso. Uno de mis primos cayó en un desagüe. Gritó con todas su fuerzas para que lo esperáramos, pero nadie escuchó su voz ni lo vio porque iba hasta atrás. Tuvo que ingeniárselas para salir y correr con todas sus fuerzas para alcanzar al grupo.

Al llegar a la altura de CENMA, que en ese entonces no existía y debido a la escasa  cantidad de runners y las condiciones climáticas, nadie quería continuar corriendo. Fue en ese momento en que me dispuse a bajar del camión. Dos factores me motivaron: a mi lado iba la chica que me gustaba, quien portaba la antorcha y yo agarré con respeto la Bandera. Me enfundé en ella y comencé a pensar en las cosas bonitas de nuestro país, como los paisajes de indescriptible belleza, la imponencia de Tikal, el inigualable lago de Atitlán, los volcanes, Antigua Guatemala y la gente trabajadora y solidaria del país. 

En ese momento sentí una energía renovada que me ayudó a correr sin detenerme los 16 kilómetros que nos separaban de nuestro destino.

Hoy pasé por el Obelisco y recordé la Escuela Fe y Alegría, a la seño Feli, el grupo juvenil, la chica que me me gustaba (ya fallecida), las alegrías y cansancios de esa época y solo me queda recordar el estribillo de una canción que escribí años después. 

"Guatemala es mi patria 
hoy te quiero saludar
Guatemala es mi patria
para ti es mi canción
escucha mi canto
nace del fondo de mi corazón". 

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Autor Víctor Herrarte

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