Guía para visitar Altamira


No se si lo han notado, pero ahora está de moda tomarse  fotos sobre una mano gigante hecha de madera, la cual tiene un paisaje espectacular como fondo.

Este lugar se llama Altamira y está ubicado en la aldea El Hato, cerca de La Antigua Guatemala.

Para poder hablar de este sitio, decidimos ir a conocerlo personalmente y tomamos como punto de partida la página oficial de Facebook de Altamira. En uno de sus post ponen un pequeño video que indica el camino, partiendo desde La Antigua Guatemala.

Sin embargo, todos los amigos que ya han ido a conocer nos indicaron que el camino es de terracería y que lo mejor era ir por la carretera interamericana. Así que esa fue nuestra ruta. De hecho, si uno utiliza el Waze, también dice que es mejor por la interamericana.

Si va desde la ciudad, se debe enfilar a la carretera hacia La Antigua y unos minutos después de La Pérgola de Chicharron, hay que tomar el carril izquierdo,  ya que hay una cuchilla que debe cruzarse, al otro lado de la carretera.  Allí se verá el primer rotulo verde de Altamira, aunque es bastante pequeño.

El camino está asfaltado, pero a medida que se avanza, se va reduciendo hasta el punto en que sólo cabe un caro. Luego de unos minutos, el camino termina y hay varios parqueos de tierra donde se debe dejar el vehículo.  El precio por parqueo es de Q15.

Luego se debe caminar por unos cinco minutos. En el trayecto verá pequeñas ventas de aguas gaseosas y artesanías que ponen los vecinos del lugar. La gente es muy amable y la vista es espectacular.

Al llegar a Altamira, en el ingreso se debe cancelar Q25 por persona.  La encargada le dirá una breve explicación de dónde están los sanitarios, el área de restaurante y le ingreso al mirador de La Mano.

A un costado está el área de restaurante, una techada y la otra descubierta. Nosotros caminamos cuesta abajo y en el breve trayecto pudimos ver pequeñas cabañas que se rentan para pasar la noche. También se puede dormir en unas especies de igloo inflables que tienen colchonetas dentro.

Hay muchas hamacas y sillones por todas partes, así como un montaje de alas de mariposa para que las personas puedan tomarse fotos.

Al final del trayecto, está colocada una cama elástica (o trampolín) el cual sólo los valientes se atreven a saltar, ya que está justo a la orilla del mirador.

La famosa Mano de madera está ubicada a un costado del restaurante, y es una estructura de madera y cemento que brinda la oportunidad de tomarse buenas fotografías.  En la temporada alta de visita, tendrá que hacer una fila de unos 20 minutos, para poder subir a este simpático mirador.

Restaurante
Para nuestra sorpresa, la especialidad de la casa son las pastas. Por Q49 se puede disfrutar un spaghetti a la Bolonesa y por Q19 le dan una copa de vino tinto. También hay Fetuccini, Lasagna y ensaladas. Para los que no comen pastas, hay hamburguesas, papas fritas, nachos así como un sandwich de pollo o quesadillas.

Para tomar, además del vino, hay variedad de gaseosas y cervezas, café capuchino y americano y Smothies por Q24. Por último, también hay pasteles de chocolate, manzana, zanahoria y mora como postre.

Lo mejor de todo es que se puede cancelar con tarjetas.

Cosas a considerar
Altamira es un barranco ecológico que ha sido adaptado con senderos y gradas, por lo que no es indicado para todo tipo de persona. Obviamente no hay acceso para discapacitados y las personas mayores no disfrutarán mucho el recorrido.
Se recomienda ir con ropa y zapatos cómodos y de suela gruesa.
Los sanitarios son sencillos, pero tienen todo lo necesario para que los usuarios se sientan cómodos al utilizarlos.

Lo bueno
Las vistas  son espectaculares, el aire es puro y se entra en contacto directo con la naturaleza.  Se puede tomar un descanso en las hamacas mientras se lee un libro.

Lo malo
El menú es muy limitado para personas (como el autor de esta nota) que no comen pastas. El lugar se presta para unas tortillas con chorizo o carne asada.

¿Lo recomendamos?
Por supuesto que si. Altamira es un destino obligado para visitarlo al menos una vez en la vida. La vista de los volcanes es especial y el contacto con la naturaleza es una buena experiencia.




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Autor Stanley Herrarte

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